domingo, 24 de febrero de 2013

Intimidad vs Productividad


“La Audiencia Provincial de Madrid permite que una empresa lea los correos de un trabajador sin su consentimiento y sin haber pactado antes una política de privacidad.”
Este auto entra en contradicción con la doctrina del Tribunal Supremo, que establece que el acceso del empresario al ordenador de un trabajador no puede ser ni arbitrario ni desproporcionado, debiendo tener indicios o fundadas sospechas de una conducta inapropiada y no puede tener la posibilidad de hacerlo de forma menos intrusiva.
En el caso que nos ocupa, la Audiencia ha determinado que la empresa tuviera acceso a los mails del trabajador debido a los indicios de que éste pudiera estar facilitando información confidencial de la empresa para competir deslealmente con ella.
Para solucionar estos problemas, recomendamos que las empresas pacten o informen a sus empleados de sus “políticas de uso de los medios informáticos” y de sus “políticas de privacidad”, de tal forma que el empleado sea consciente de que el uso del equipo informático debe ser, exclusivamente, para llevar a cabo las actividades necesarias en el desarrollo de sus funciones dentro de la empresa.
Así es posible que el control empresarial de los medios productivos de la compañía, no limite el derecho a la intimidad del trabajador (consagrado en el artículo 18.1 de la Constitución), más aún cuando se ha establecido previamente que el ordenador o en general, los equipos informáticos, son instrumentos de producción titularidad del empresario.
El auto de la Audiencia Nacional, ha creado un  precedente peligroso, pues si el trabajador no es informado, a través de las “políticas de uso de los medios informáticos” y las “políticas de privacidad”, de las consecuencias de la utilización de estos medios para fines personales, el empresario no tendría facultades de control de utilización de los mismos, y si podría estar incurriendo en una vulneración del derecho de intimidad del trabajador.

Despido por navegar por redes sociales: ¿cuándo es procedente?


El Tribunal de Justicia de La Rioja ha confirmado el despido disciplinario de una trabajadora por conectarse a Facebook y otras webs de contenido lúdico durante la jornada laboral.
La empresa había advertido a sus empleados sobre las reglas de uso de los medios informáticos y de acceso a Internet, así como de las medidas que adoptaría si existían abusos. Todo ello, junto la negligencia demostrada de la trabajadora, que dedicaba gran parte de su jornada laboral a navegar por la Red (en un solo día visitaba hasta 72 páginas no relacionadas con su actividad laboral), hace que el tribunal haya podido confirmar el despido.
Tal y como advertíamos en la noticia Intimidad vs productividad, si el trabajador no es informado a través de las políticas de uso de los medios informáticos y las políticas de privacidad de las consecuencias de la utilización de estos medios para fines personales, el empresario no tendría facultades de control de utilización de los mismos, y por tanto podría estar incurriendo en una vulneración del derecho de intimidad del trabajador, argumento que utilizaba la defensa de la empleada.
En este caso concreto, la auditoría del ordenador de la despedida se inicia cuando el departamento de sistemas comienza a recibir incidencias sobre navegación muy lenta en una de sus oficinas. Al comprobar que dichas incidencias son originadas por el ordenador de la ex empleada, se le comunican los hechos yse le recuerda la prohibición expresa de navegar por páginas de Internet inapropiadas. La repetición de dichas conductas culmina con el despido.
Sin embargo, son múltiples los casos en los que la prueba de auditoría de los ordenadores de los empleados sin haber informado a los mismos sobre las reglas de uso de los medios informáticos se declara nula, y por tanto la declaración de despido, improcedente.
Por ello, volvemos a recordar la importancia de que las empresas pacten o informen a sus empleados de sus políticas de uso de los medios informáticos y de sus políticas de privacidad, de tal forma que el empleado sea consciente de que el uso del equipo informático debe ser, exclusivamente, para llevar a cabo las actividades necesarias en el desarrollo de sus funciones dentro de la empresa.
Pero si queremos ser más restrictivos, además de estas políticas, contamos con múltiples herramientas que “bloquean” el acceso a determinadas páginas, como los filtros de contenido (programas diseñados para controlar qué páginas estarán disponibles en una máquina o red particular), los IDS (que reconocen y canalizan las firmas de tráfico, usándolas para detectar accesos no autorizados a un computador o a una red) o los firewall, (partes de un sistema o una red que están diseñadas para bloquear el acceso no autorizado, permitiendo al mismo tiempo comunicaciones autorizadas).
Estas herramientas son utilizadas tanto por padres que desean limitar los sitios que sus hijos visitan en los ordenadores domésticos, como por empresas que desean delimitar qué contenidos pueden ver los empleados en el trabajo, optando por la política de “mejor prevenir que lamentar”

Soluciones a la muerte en internet: cancelación de datos u homenaje en la red


Cuando una persona fallece, ya no sólo hay que preocuparse de las repercusiones directas en la vida real, también hay que decidir sobre las repercusiones en la red.
Internet se ha convertido en una herramienta de comunicación casi imprescindible para millones de personas, muy atractiva e interesante, entre otras ventajas, porque los servicios que ofrecen son gratuitos. Pero esa fácil accesibilidad es precisamente la que provoca que el problema surja cuando no se trata de introducir datos, sino de borrarlos, como por ejemplo, en el caso de fallecimiento de una persona.
Las redes sociales, han buscado soluciones a un problema que las afecta directamente, pues según la consultoría americana Entrusted, “Facebook” perderá en 2011 alrededor de 1,7 millones de usuarios por fallecimiento.
La muerte de estas personas abre a sus familiares dos posibilidades: eliminar el perfil en la red social o permitir que se realice un homenaje en el mismo. Pero ¿están preparados los familiares para superar, no solo la muerte de una persona querida, sino también para borrar su huella?
No cabe duda que es difícil tomar cualquiera de las dos decisiones, pues en la primera te enfrentas a la repercusión que todos más tememos respecto a la muerte, el olvido, y en la segunda te enfrentas al recuerdo permanente de quien se ha ido.
Las redes sociales han previsto “el homenaje” permitiendo a los familiares directos, conservar el perfil del fallecido, con el fin de que no se produzca esa disminución masiva de usuarios de la que hablábamos al principio.
Y el mismo derecho a conservarlo, tenemos de eliminarlo: basta con que comprobemos la política de privacidad de la red y la familia solicite la cancelación de datos de la referida persona.
Y en el caso de personas sin familia, ¿qué ocurre con ellos? En este caso, el Ministerio Fiscal esta legitimado para pedir la supresión del perfil.
Por supuesto, si no efectúan el borrado, contamos con una de las legislaciones más restrictivas del mundo en cuanto a protección de datos (España es uno de los países en que “más o mejor” se protege la intimidad de las personas), y con un organismo (la Agencia Española de Protección de Datos) que vela para que nuestros derechos se hagan efectivos.
El problema no se produce cuando un usuario le pide al titular de una red social que cancele toda su información, sino cuando esa información ha pasado de una red a otra, y ha traspasado muchas fronteras tecnológicas y geográficas. Es entonces cuando nuestro derecho de cancelación de datos se convierte en una ingente tarea de búsqueda desesperada, dando lugar en la mayoría de los casos a la imposibilidad práctica de eliminar de manera permanente nuestra huella en Internet.