jueves, 12 de junio de 2014

Las sombras del comercio electrónico y otras estafas comunes en la Red

El término “comercio electrónico” no es más que la compra y venta de productos y servicios a través de medios electrónicos, tales como Internet y otras redes informáticas.

El comercio electrónico puede llevarse a cabo entre particulares o bien entre particulares y empresas. Sin embargo, cada día es más frecuente una nueva modalidad que consiste en que los agentes implicados son sólo empresas.

Según un reciente estudio del INE, en el año 2013 el 69,8% de los hogares españoles (casi 11,1 millones de viviendas) ya tenía acceso a Internet.

Entre las causas por las que los consumidores prefieren comprar online el 78,0% argumenta la comodidad de este servicio como una de las principales razones para preferir esta forma de compra, el 73,2% argumenta la posibilidad de encontrar ofertas y artículos a un mejor precio y el 65,5%, el ahorro de tiempo que ocasiona no tener que desplazarse físicamente.



La comunidad autónoma que más ha utilizado este tipo de comercio es el País Vasco con un 41,1%, seguida de cerca por la Comunidad de Madrid con el 40,2%. Las que menos lo utilizan son Canarias (20,7%) y Extremadura (24,1%).

En el año 2013, las principales compras que se realizaron por Internet en España fueron la ropa, calzado, material deportivo y entradas para eventos. En ambas categorías, un 12% de la población prefirió hacer la compra online antes que desplazarse.

En el e-Commerce no hay crisis.  Cada año incrementa su facturación y  por tanto las empresas que deciden iniciarse en esta forma de negocio.

Sin embargo, no es oro todo lo que reluce: la Comisión Europea ha establecido en un 12% el porcentaje de internautas europeos que han sido víctimas de algún tipo de fraude por Internet, advirtiéndonos que el comercio en línea está en auge entre los consumidores aprovechando el mercado único digital, pero el riesgo de fraude también está creciendo.

En un intento por proteger más a los consumidores y usuarios la Ley 3/2014, de 27 de marzo, por la que se modifica el texto refundido de la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios y otras leyes complementarias, regula entre otros aspectos los siguientes:

-          Amplia el plazo de desistimiento de 7 (laborales) a 14 días (naturales).

-          En caso de no informar correctamente sobre la existencia del derecho de desistimiento, el plazo para desistir se amplía a doce meses.

-          Establece que no podrán no podrán cobrarse cantidades adicionales por el uso de medios de pago.

-          Si se usan botones o funciones similares, estos deberán etiquetarse únicamente con la expresión «pedido con obligación de pago» o una formulación análoga no ambigua.

 Estas y otras disposiciones se aplicarán a los contratos con los consumidores y usuarios celebrados a partir de 13 junio de 2014.

Pero quizás los mayores riesgos no estén en la relación del usuario con las empresas, sino cuando las transacciones son entre dos particulares.

Así puede ocurrir que algún particular nos quiera comprar un articulo que estamos vendiendo, principalmente de cantidades importantes, y nos llegue al correo electrónico una notificación de que se ha realizado una transferencia a nuestra cuenta (una copia exacta del mail que nos enviaría nuestro banco), pero siendo la cantidad superior al precio que habíamos pactado. La estafa consiste en que el comprador argumentando que se ha equivocado al hacer la transferencia, nos pide que le devolvamos la cantidad que nos ha ingresado “por error”, cuando la transferencia en realidad nunca se ha realizado.

O puede ocurrir “al revés”, que encontremos un “chollo” y el falso vendedor nos pida una señal anticipada para reservar el artículo, por supuesto para después desaparecer.

El último ejemplo de estafa, fuera del comercio electrónico, es el tema de “las chicas rusas” (“scammers”). Aquellas que comienzan escribiéndose con hombres que localizan a través de las redes sociales, generalmente mayores de 50 años, con los que comienzan a intercambiarse correos electrónicos (normalmente mal escritos debido a que utilizan algún traductor). Tras unos días o semanas escribiéndose terminan por pedirles dinero, para conocerse en persona (para el billete, para el visado, para entregar una fianza para salir del país…).

Hay que estar atentos y abrir bien los ojos ante determinadas situaciones, pues “si algo es demasiado bueno, probablemente no se cierto”.

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